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Bienvenid@ al Museo del Escritor

Escrito por René Aviés Fabila.

René Avilés Fabila

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Palabras de René Avilés Fabila en la inauguración del Museo del escritor
6 de diciembre de 2011.

Queridos amigos, compañeros, autoridades de la delegación Miguel Hidalgo, estimado Demetrio Sodi y a todos los que hoy nos acompañan, queremos agradecer, a nombre de los fundadores del Museo del Escritor, su solidaridad. No lo hubiéramos conseguido sin sus palabras y generosidad. Fueron diez años de búsqueda para conseguir una sede adecuada y ya la tenemos. Pero dejemos de lado las puertas que jamás se abrieron y las enemistades que trataron de impedir su creación. Pensemos en un futuro luminoso.

Lo que ustedes verán es una pequeña muestra del verdadero potencial del Museo del Escritor. No se trata simplemente de ver y apreciar objetos de artistas y literatos, libros especiales, fotografías, grabados con aquellos que redactaron obras maestras de la literatura, sino poner al servicio del país y en especial de la juventud, un museo interactivo, felizmente vivo donde los escritores tengan su casa, puedan presentar libros, tener talleres de poesía y prosa narrativa, incluso lo vemos como una escuela de literatos, muy al estilo del viejo y legendario Centro Mexicano de Escritores, al que aquí le rendimos un cálido homenaje, sin él, en un país de pésima memoria, las letras del siglo XX no tendrían la fuerza que tuvieron. Grandes maestros como Alfonso Reyes, Julio Jiménez Rueda, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Salvador Elizondo, Francisco Monterde, Alí Chumacero, Griselda Álvarez y Carlos Montemayor, siempre con el espíritu de la fundadora, la escritora norteamericana Margaret Shedd, estimularon y apoyaron a cientos de escritores que hoy son fundamentales en nuestras letras. La lista es infinita y algo de ella podrán ver aquí. Una síntesis.

El Centro Mexicano de Escritores es pues, el eje de esta muestra del Museo. Lo demás tiene un cierto rigor histórico y, claro, destacan las figuras mayores como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Gabriela Mistral, José Saramago, Rubén Bonifaz Nuño, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Rafael Solana, Fernando Vallejo, en fin. Pero también los hay jóvenes impetuosos. Debo advertir que por ahora sólo estamos mostrando el potencial del Museo del Escritor, únicamente exhibimos alrededor del treinta por ciento de lo que posee. Pensamos que crecerá rápidamente con el apoyo no de las autoridades sino con el de los propios escritores o sus descendientes. Dos ejemplos: la viuda de Rodolfo Usigli, América Olloqui, donó diversos objetos personales del notable dramaturgo que podrán apreciar, mientras que Adriana Valadés, esposa del que fuera un generoso y talentoso cuentista, Edmundo Valadés, nos entregó el escritorio donde confeccionó algunos de sus libros y artículos y diversas prendas personales que dan una atmósfera de cómo trabajó el inmenso cuentista y promotor cultural.

Comenzamos con talleres de poesía y cuento, con un ciclo de conferencias y mesas redondas de las que informaremos a través de los medios habituales e Internet, así como con una serie de homenajes a escritores de gran importancia que han sido abandonados por la cultura oficial y contamos con una pequeña sala de proyección para exhibir películas basadas en grandes novelas. Nos desarrollaremos con rapidez, ya sin mayores impedimentos. Se los puedo asegurar. Lo sé porque mientras tocábamos puertas que nunca se abrieron, pudimos adquirir, comprando o recibiendo donaciones, multitud de libros, objetos y cuadros de escritores. Hoy no es sólo una novedad en México, sino en el mundo entero. Estamos ya en contacto con embajadas y gobiernos estatales para que nos apoyen y al mismo tiempo no dejen fuera a sus respectivos escritores. La biblioteca que cuenta con unos 20 mil títulos está en proceso de clasificación, pero la virtual, que tiene miles de títulos más, pronto arrancará. Luego del periodo vacacional, comenzarán los talleres y las mesas redondas. Quiero hecer énfasis en que uno de nuestros fines es el rescate de muchos valores literarios que la inclemente modernidad ha sepultado. Sin duda tendremos muchas y muy variadas actividades.

Quiero por último, dar las gracias, por su desinteresada solidaridad a Demetrio Sodi, en primer lugar, creyó en nosotros y nos prestó en comodato este hermoso sitio y apoyó al Museo del Escritor,  con sus cercanos colaboradores, Alfredo Reynoso y Mario Saavedra, este último también escritor, con recursos humanos y materiales. Fueron sensibles a un proyecto cultural nacido de la sociedad. Asimismo a los autores de la museografía, jóvenes talentosos y dedicados: Roberto Gil, Gerardo Pellicer y Pier Bover. A la doctora Martha Fernández del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, quien luchó con tenacidad por el Museo y nos acompañó en todo momento. No puede faltar el apoyo jurídico de Betty Zanolli, abogada de la Fundación René Avilés Fabila, A. C., la que nos ayudó en la parte legal. A Adriana de la Fuente, quien al frente de varios miembros de Rotary Club, nos ha apoyado siempre. Desde luego, a Rosario Casco Montoya quien coordinó todo el trabajo y siempre lo asistió.

A mi entrañable amigo, el escultor Sebastián que así como diseñó el logo de la Fundación y de la revista El Búho, que será de muchas maneras vocero del Museo del Escritor, realizó el hermoso logotipo que ahora pueden apreciar en carteles e invitaciones.

Martha Domínguez fue un pilar del Centro Mexicano de Escritores, a ella le tocó la triste tarea de, al no encontrar más apoyo, disolverlo junto con Felipe García Beraza, y Carlos Montemayor, ya fallecidos. Fue Martha, mi novia imposible, quien donó la añeja mesa de trabajo del Centro Mexicano de Escritores y nos proporcionó obra de ex becarios, el único cuadro conocido de Margaret Shedd, y muchos otros materiales, libros autografiados y documentos valiosos. EL grueso de los archivos del CME ahora está en la UNAM.

La parte de las relaciones públicas estuvo a cargo de la empresa Difunet, cuyo director Renato Consuegra, fue centro de la difusión. Óscar y Eduardo Penagos, han filmado cuidadosamente la historia del Museo y se hicieron cargo del Museo del Escritor en Internet, con ellos arrancamos la semana próxima una editorial virtual. Por lo pronto aparecerán diez libros digitales. Asimismo estuvieron pendientes de nuestras tareas y las comunicaron con eficacia, Guillermo Ortega, director de La Crónica y Rafael García Garza, gerente de la misma empresa y viejo camarada mío de años escolares. Desde luego agradezco a la casa editorial Excélsior, donde me formé leyendo y me consolidé como periodista a lo largo de más de 30 años y obtuve varios premios nacionales, incluido el que concedía el gobierno de la República.

Este bellísimo recinto es el Faro Bicentenario y está a cargo de Lina Pradel, quien jamás dejó de darnos facilidades para realizar el trabajo museográfico.

Finalmente a todos ustedes, escritores, artistas plásticos, periodistas culturales.

Amigos entrañables todos, que nos apoyaron en el terco y hermoso empeño de crea un museo diferente, algo que nos faltaba: el Museo del Escritor.