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El futuro del libro ya llegó

Escrito por Museo Del Escritor.

Guillermo Vega Zaragoza
La mutación de la lectura, a través de los nuevos dispositivos electrónicos, es el tema central de este ensayo del poeta Guillermo Vega Zaragoza. ¿Qué efectos tendrá esta transformación en nuestra percepción del fenómeno mismo de la escritura? El e-book puede ser visto más como una oportunidad que como una amenaza para la promoción de la literatura.

En su más reciente libro La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012), Mario Vargas Llosa manifiesta su angustia sobre el advenimiento del libro electrónico. Reconoce que “no es imposible avizorar una época en que los lectores de libros de pantalla sean la gran mayoría y los de papel queden reducidos a ínfimas minorías o incluso desaparezcan”. Sin embargo, por una parte, lamenta que esto tenga como consecuencia que los lectores de las nuevas generaciones difícilmente estén “en condiciones de apreciar todo lo que valen y significaron unas obras exigentes de pensamiento o creación pues les parecerán tan remotas y excéntricas como lo son para nosotros las disputas escolásticas medievales sobre los ángeles o los tratados de alquimistas sobre la piedra filosofal”. Y por otra, aunque reconoce que no tiene forma de demostrarlo, sospecha que “cuando los escritores escriban literatura virtual no escribirán de la misma manera que han venido haciéndolo hasta ahora en pos de la materialización de sus escritos en ese objeto concreto, táctil y durable que es (o nos parece ser) el libro”.

El laureado escritor no cree que el cambio del libro de papel al libro electrónico sea inocuo, un simple cambio de “envoltorio”, sino también de contenido: “Algo de la inmaterialidad del libro electrónico se contagiará a su contenido, como le ocurre a esa literatura desmañada, sin orden ni sintaxis, hecha de apócopes y jerga a veces indescifrable, que domina en el mundo de los blogs, el Twitter, el Facebook y demás sistemas de comunicación a través de la Red, como si sus autores, al usar para expresarse ese simulacro que es el orden digital, se sintieran liberados de toda exigencia formal y autorizados a atropellar la gramática, la sindéresis y los principios más elementales de la corrección lingüística”.

-Portada de La civilización del espectáculo de Mario Vargas Llosa

El Premio Nobel de Literatura 2010 señala que para muchos lectores, leer “significa también, y acaso sobre todo, gozar, paladear aquella belleza que, al igual que los sonidos de una hermosa sinfonía, los colores de un cuadro insólito o las ideas de una aguda argumentación, despiden las palabras unidas a su soporte material. Para este tipo de lectores leer es al mismo tiempo que una operación intelectual un ejercicio físico, algo que añade al acto de leer un componente sensual y sentimental infalible. El tacto y la inmanencia de los libros son, para el amateur, variaciones del erotismo del cuerpo trabajado y manoseado, una manera de amar”. Y remata: “Me cuesta trabajo imaginar que las tabletas electrónicas, idénticas, anodinas, intercambiables, funcionales a más no poder puedan despertar ese placer táctil preñado de sensualidad que despiertan los libros de papel en ciertos lectores”.

PARA ENTENDER EL LIBRO ELECTRÓNICO

Me he dilatado en citar amplia y textualmente al autor de Conversación en La Catedral porque resume muy bien la posición de muchos escritores, intelectuales y simples lectores en relación con el libro electrónico, una posición plagada de intuiciones, generalizaciones, prejuicios e inexactitudes.

En primer lugar, se tiende a confundir el término “libro electrónico” o “e-book”, que es la versión digital en que se presenta una obra escrita, con el del aparato que sirve para leer dichas obras en formato digital. El libro electrónico puede ser leído en una computadora de escritorio o portátil, en una tableta (que es el formato más reciente de computadora portátil, como el iPad de Apple), incluso en un teléfono inteligente (que es una computadora aún más pequeña), pero, sobre todo, el libro electrónico se puede leer en un aparato diseñado exclusivamente para la lectura: un lector de libros electrónicos, como el Kindle de Amazon. La gran diferencia entre leer en una computadora normal y en un lector de libros electrónicos es que éste tiene una pantalla opaca y los caracteres e imágenes que proyecta se forman por lo que se ha dado en llamar “tinta electrónica”. Este mecanismo facilita muchísimo la lectura, ya que la vista se cansa menos al no estar expuesta a la fuente lumínica de la pantalla de las computadoras comunes.

Por otro lado, se tiende a llamar “libro electrónico” a cualquier obra trasladada a un formato digital mediante cualquier programa informático, lo cual es inexacto. No puede ser considerado como libro electrónico una obra presentada en, digamos, un procesador de texto, como Word, que es uno de los más comunes. Ni siquiera si es presentado en forma de un simple PDF (portable document format, formato de documento portátil) de Adobe. Para que una obra califique como libro electrónico tiene que presentar ciertas funcionalidades que un documento simple en formato Word no tiene. Para ello existen diferentes programas que permiten presentar los libros electrónicos en diferentes aditamentos; es decir, para ser leídos en computadoras de escritorio, portátiles, tabletas, teléfonos inteligentes y, desde luego, lectores de libros electrónicos.

En la actualidad, el principal reto es trasladar todo el gran acervo ya existente de libros en papel a formato digital. Existen, afortunadamente, múltiples iniciativas para lograr este objetivo, como el Proyecto Gutenberg, que desde 1971 ha digitalizado y ofrece gratis millones de obras en casi todos los idiomas. O Google Books, que ha establecido convenios con editoriales de todo el mundo para ofrecer a los usuarios el servicio de consulta de libros que después pueden ser adquiridos en formato de papel o digital, en caso de que ya se encuentre disponible.

Como negocio, el libro electrónico está teniendo un crecimiento explosivo. En Estados Unidos y Europa, 15 por ciento de las ventas de las editoriales ya se deben a los libros electrónicos y se prevé que continúen aumentando en tanto el mercado de las tabletas y los lectores de libros electrónicos se siga expandiendo.

Fuente: Revista de la Universidad