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Los escritores prefieren libretas que computadoras

Escrito por Museo Del Escritor.

-Para ellos, las nuevas tecnologías no son compatibles con sus procesos creativos, por eso como escritores siguen utilizando pluma y papel para escribir novelas o poemas

Por Yanet Aguilar
Los escritores son obsesivos y maniáticos, siempre van por la vida observando el mundo, pero también buscando cuadernos; algunos los prefieren de tapas rojas, otros de tamaño profesional y de cuadrícula, algunos más que sean pequeños, con un listón separador y una cinta elástica que los cierra. Unos más optan por su belleza o porque se abren perfectamente sobre el escritorio y no batallan con la costuras; los quieren de papel blanco o reciclado, de cuadrícula o a rayas.

Así como buscan, guardan. En su archivo tienen cajas con decenas de cuadernos atiborrados de palabras, también tienen una buena cantidad de libretas nuevas a la espera de que les toque ir al bolso, al bolsillo del saco o a situarse sobre el escritorio, listas para recibir el arranque de un cuento o una novela e ir llenándose de correcciones, adhesiones e infinidad de papeles pegados o sueltos entre las páginas.



Se sabe que la gran mayoría de escritores no sale sin ese objeto. Nunca estará de más. Los cuadernos de escritores son una riquísima fuente de estudios y son baluarte en sus archivos personales cuando han muerto; también suelen ser motivo de disputas por su valor monetario, como ocurrió en 2008 con las libretas olvidadas de Emile Cioran.

Se trataba de 18 cuadernos de espiral de la marca Joseph Gilbert que contenían apuntes, diarios y versiones de libros o aquellos otros de Baudelaire que han permitido conocer las correcciones que le hizo a Las flores del mal o aquellos otros que contenían los primeros textos de Víctor Hugo y que él quemó porque se sentía insatisfecho.

Aun cuando en la actualidad los escritores contemporáneos ya trabajan sus novelas en computadoras y muchos de ellos comienzan a leer en soportes digitales, mantienen viva la idea romántica que tienen las libretas, muchas de ellas pequeñas e imprescindibles en los viajes, las más conocidas son las Moleskine, pero también han llegado a México la versión londinense: Te Neues. Todas son libretas más caras que el promedio.

Diecisiete libreras para una novela

Carmen Boullosa ha recopilado a lo largo de su carrera como escritora decenas de libretas de todos los tamaños y formas, en ellas no sólo escribe sus poemas y los corrige, también escribe allí sus novelas que suelen ser voluminosas, de época y con una gran investigación histórica. Tan sólo para su nueva novela que acaba de terminar y que será publicada en marzo, ocupó 17 libretas, todas escritas a mano, con pluma fuente, con su Mont Blanc y con tintas de diferentes colores.

“Conté las libretas que use para la novela que acabo de terminar, Texas, son 17, no están todas llenas, porque son partes diferentes, avancé hacia un lado que no era; tengo varias novelas que no he terminado y están en libreta, descansan como en una especie de ataúd, en un cofre, con 20, 30 o 150 páginas escritas, peroque no fueron a ningún lado”, señala la narradora y poeta.

La colaboradora de EL UNIVERSAL asegura que desde sus primeras novelas utiliza libretas, que tiene una relación física con la palabra, escribe a mano, pasa a la computadora, imprime, corrige sobre papel, va avanzando sobre su libreta y después lo hace sobre la computadora; dice que en su más reciente novela son muchos personajes, historias y tiempos, por eso utilizó tantas libretas.

“No trabajo en la pantalla, trabajo todavía en el papel; empiezo de un lado, doy saltos en las páginas, empecé de atrás para adelante; cuando se me volvió muy complicado comencé a buscar libretas distintas, tengo la que es gorda, la que es delgadita, la que es azul, es una relación muy visual y utilizo distintas tintas”, comenta Boullosa.

Herramientas necesarias

También Mónica Lavín y Ana García Bergua son propensas a cargar siempre una libretita en su bolso para guardar ideas, frases, nombres, acotaciones, sensaciones y emociones; ellas hablan de sus cuadernos íntimos, de sus manías.

García Bergua asegura: “el cuaderno escolar es el preludio del cuaderno del escritor, de Josep Pla o Salvador Elizondo, ese cuaderno que a veces se convierte en libro, pero ante todo guarda la intimidad de nuestras ideas, acepta generosamente nuestras lágrimas y el café que se le derrama sin querer en la exaltación”.

La autora de Rosas negras y La confianza en los extraños afirma que esos cuadernos con sus tapas “son las puertas de una casa propia que se abre y cierra sólo para nosotros. Muchos cuadernos no se llenan jamás y se guardan año tras año, como vida y trabajo sin concluir, vidas pendientes de releerse y continuarse. Cuadernos donde habitan juntos la letra y el expresivo garabato, donde se inserta el papelito, el boleto, el teléfono que tanto nos importa, un dibujo de nuestra hija o hijo”, dice.

Para Mónica Lavín, quien tiene una relación con las libretas desde niña, son una suerte de cuadernos íntimos, “no pretendo que nadie las lea, son para mí, para ordenar mi cabeza, para apresar el tiempo y tengo un altero de libretas de todos colores”.

La autora de Yo, la peor y Hotel Limbo recuerda como fueron sus inicios y su relación con los cuadernos: “Empecé a escribir en cuadernos Scribe de forma francesa con espiral, ahí empecé mis primeras novelitas a los 13 años, la escritura era manuscrita y justo a los 13 años me regalaron un diario de tapas rojas, me gusto esta escritura íntima y a partir de ahí he tenido siempre libretas que fungen no precisamente como diario, pero sí para anotar sensaciones, emociones, vivencias privadas”.

Archivo para la posteridad

Las tres escritoras mexicanas hacen diferencias: no usan para lo mismo la libreta que llevan siempre en el bolso que sus libretas de escrituras. La que va en la bolsa es para anotar las ideas sueltas, que tienen necesidad de editar; mientras que las libretas de escritorio son o exclusivas para cuentos o para novelas o para poemarios.

En Carmen Boullosa las libretas son fundamentales, ahí escribe todo, absolutamente todo, son casi una prolongación de sí misma. Por eso ha cargado con todas ellas a Nueva York, las colecciona por decenas, no sabe qué va a pasar con ellas, dice que cuando muera las libretas serán de sus hijos, “ellos decidirán si esto era una absoluta locura de su madre y hay que quemarlas o si las cuidan, se las dan a sus hijos, si alguien las quiere en una biblioteca”.

Mónica Lavín afirma que sus libretas de escritorio no las usa para escribir un cuento, eso ya lo hace directo en la computadora, pero sí para poner el párrafo de arranque o para anotar una idea de cuento.

“Si no la anoto, es muy probable que se me evapore. En la de la bolsa si hay un caos de anotaciones pero la que está en el escritorio sólo admite cuentos y la que está acompañando la escritura de la novela es sólo para el tras bambalinas de la novela”, explica Lavín.
Ana García Bergua también tiene cajas de libretas, desde las primeras, que eran de pasta dura, luego le regalaron unas japonesas que eran negras y rojas, posteriormente se volvió fan de las papelerías y las libretas viejas.

Las tres escritoras coinciden en sus obsesiones por las libretas, su gusto por los colores y la pasión táctil por el papel; Carmen escribe con pluma fuente, Ana siempre las pierde o las toman sus hijas, lo mismo le ocurre a Mónica, sin embargo dice que puede escribir con cualquiera siempre y cuando sea retráctil y de punto grueso, nunca fino.

También tienen obsesiones: las coleccionan en cajas y compran siempre una más esperando el día en que la necesiten. Son supersticiosas o maniáticas; a veces creen en la conexión total con la libreta: que las puede ayudar a hacer fluir la historia o que la entorpece y entonces la dejan y toman otra.

Sitio Fuente: El Universal